¿Las máquinas pueden pensar?

Desde los robots de Asimov hasta el Terminator de James Cameron o los androides de West World la humanidad ha tenido sueños o pesadillas acerca de seres artificiales capaces de razonar pero ¿las máquinas pueden pensar?

Las leyendas judías hablaban del Golem, un ser hecho de barro que cobraba conciencia al inscribir le una letra en la frente. En el siglo XVIII Wolfgang Von Kempelen construyó una autómata capaz de rivalizar con los mejores jugadores de ajedrez pero más tarde se descubrió que en realidad había una persona escondida dentro del aparato. No fue sino hasta los años 50 del siglo XX cuando la tecnología informática permitió vislumbrar la posibilidad de máquinas inteligentes.

El científico y matemático Alan Turing diseñó una prueba que consistía en entablar un dialogo con un ordenador y con un ser humano. Si el entrevistador no puede distinguir entre uno y otro se puede afirmar que la computadora es inteligente. En 1956 ya había investigadores diseñando programas que podían jugar, resolver problemas de álgebra y hacer demostraciones matemáticas. Los ordenadores usaban el método llamado lógico simbólico. Consistía en una secuencia de ordenes llamada algoritmo, cuidadosamente diseñado para resolver problemas.

Era tal el optimismo que se llegó a afirmar que en 20 años los ordenadores podrán hacer cualquier tarea propia de un ser humano pero las computadoras de la época todavía no tenían la capacidad de procesamiento necesaria. La investigación se detuvo hasta que en los años 80 se crearon computadoras lo suficientemente potentes, el principal método era el de los llamados sistemas expertos. Estos combinaban una extensa base de datos con algoritmos de búsqueda que encontraba su camino entre todo un árbol de decisiones, es un funcionamiento similar a jugar a las preguntas. Para encontrar la respuesta se realizan una serie de cuestiones, estas se responden afirmativa o negativamente y así se descartan opciones nos aproximamos a la solución correcta. Estos sistemas fueron muy exitosos y útiles para los profesionales como por ejemplo para diagnosticar enfermedades.

Mientras la capacidad de cálculo de los equipos fue aumentando y fue aprovechada para crear algoritmos más complejos capaces de recorrer árboles de decisiones más grandes como los del ajedrez, con gran cantidad de jugadas y combinaciones posibles. Así en 1997 Deep Blue fue la primera computadora en derrotar a un campeón mundial de ajedrez Garri Kaspárov. Lo hizo con este método de fuerza bruta explorando los resultados de todas las posibles jugadas y anticipando de 8 hasta 20 movimientos. Esta máquina es capaz de analizar 200 millones de posibilidades por segundo algo que un humano es incapaz de hacer

¿Mucho texto? ¿Una partida rápida y continuamos?

Aún así para las máquinas era imposible realizar tareas que para un humano no implican esfuerzo como reconocer voces, reconocer rostros o identificar y manipular objetos. Esto cambio cuando se inventaron las redes neuronales artificiales, estos mecanismos inspirados en el funcionamiento del cerebro tienen neuronas virtuales conectadas a otras capas de otras neuronas que a su vez se conectan a otras capas hasta llegar a una capa que arroja un resultado. Lo curioso de estas redes es que al principio son pésimas haciendo su trabajo pero con cada intento van aprendiendo. De forma que mediante el entrenamiento un ordenador puede aprender a realizar tareas como componer jazz.

Al principio el resultado es malo y el proceso ineficaz pero después de horas de entrenamiento el ordenador puede conseguir buenos resultados de forma eficiente. En la actualidad las inteligencias artificiales tienen muchas aplicaciones y ayudan a decidir la ruta más rápida en los mapas, reconocen instrucciones dadas en voz alta, controlan a los actores en muchos videojuegos, reconocen rostros o ayudan a los médicos a hacer diagnósticos. También traducen idiomas, conducen automóviles y recientemente Google creó una inteligencia artificial que construyó otra inteligencia artificial. Aunque la IA resulta muy útil trae consigo muchas cuestiones más allá de lo meramente tecnológico.

Conclusión

EEUU ya está construyendo drones militares controlados por inteligencia artificial, diseñados para decidir a quién disparar. Lo que nos lleva a plantear quién es el responsable un ataque realizado por un dron. Se alega que varios programas han pasado la prueba de Turing, si consideramos que la inteligencia implica consciencia y si es así estas consciencias pueden ser capaces de sufrir, surge la pregunta del derecho a crear máquinas que sufran.

Quizá la mayor preocupación sea la de la famosa claridad tecnológica el momento hipotético en el que las inteligencias artificiales se mejoren tanto a sí mismas que superen al ser humano y escapen a nuestro control. La preocupación es que las IA incluso lleguen a planear la extinción de la humanidad.


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