Aprender sin escuela


Aprender es una actividad natural y beneficiosa pero en ocasiones puede resultar complicada, agotador o molesta. Lo que nos lleva a plantearnos distintas cuestiones sobre la forma en la que aprendemos, su idoneidad y las posibles alternativas.

El aprendizaje

El aprendizaje es faceta común en los seres vivos. Todos los animales son capaces de aprender en mayor o menor medida y algunos estudios adjudican esta capacidad a algunas plantas. Mónica Gagliano entrenó a una Mimosa púdica para que aprendiera que caer no es peligroso o que incluso asociara, al estilo del perro de Pavlov, un estímulo con una recompensa. Después de vincular una corriente de aire con una fuente de luz, las plantas entrenadas crecían hacia la dirección desde la que soplaba el viento.

Aunque la mayor parte de su comportamiento está dictado por el instinto, los insectos son más avanzados: pueden aprender conductas complejas. Las abejas, por ejemplo, pueden memorizar rutas hacia sus flores favoritas. También son capaces de seguir instrucciones de sus compañeros, realizando distintos movimientos en el aire, les dicen cómo llegar a las mejores fuentes de alimento.

En el caso de los mamíferos los ratones son capaces de reconocer su nombre y aprender algunos trucos. También son capaces de memorizar laberintos tridimensionales. En el caso de los primates, la cuestión gane interés. Los chimpancés pueden aprender por imitación. Sólo con ver cómo otro chimpancé abre una nuez usando una herramienta, una cría puede aprender a hacerlo en un día. Sus comportamientos aprendizajes son tan complejos y diversos como sus poblaciones. Se puede teorizar sobre que disponen de culturas que varían la manera de construir sus nidos, o de bailar cuando llueve.

Si tratamos el caso de los humanos podemos encontrar una diferencia importante entre estos y simios. En un experimento se mostró a un grupo de chimpancés y niños cómo obtener una golosina siguiendo una serie de acciones en una caja opaca. Ambos grupos imitaron los movimientos y obtuvieron su golosina. Luego, usando una caja transparente, los investigadores repitieron la secuencia de movimientos, mostrando que las acciones no tenían nada que ver con obtener la golosina. Mientras que los chimpancés fueron directo al grano y obtuvieron su premio sin hacer las acciones innecesarias, sorprendentemente, los niños repitieron todo el ritual.

Los investigadores proponen que la explicación es que mientras que la recompensa del chimpancé es sólo la golosina, los niños se sienten gratificados también por la experiencia social. Esto sugiere que los humanos le damos una dimensión especial a la experiencia de la enseñanza y aprendizaje. Además, para los humanos no es indispensable presenciar algo para aprenderlo. La comunicación simbólica y su herramienta sofisticada y privilegiada: el lenguaje.

El lenguaje

Utilizando el lenguaje podemos decirle a alguien cómo abrir una nuez y esa persona podrá abrirla aunque nunca haya visto cómo hacerlo. Podemos dejar en un cuaderno una receta y alguien podrá prepararla. El lenguaje nos permite empaquetar conocimiento con tal densidad y eficiencia que se necesita un lugar y un momento especial dedicado a la educación: la escuela. Pero la escuela no es el único lugar donde se aprende. Es el lugar donde el aprendizaje de se desarrolla de manera formal: con un programa de estudio, objetivos claros y un sistema de evaluación.

Pero el aprendizaje también se da de manera no formal, en un entorno alternativo mediante cursos, clases, videos o entrenamientos. Estas tareas también nos permiten aprender. Pero aprender es un actividad constante y el proceso de aprendizaje también se produce de manera informal, al ir al cine, caminando o compartir información, opiniones y experiencias. Todos nuestros sentidos perciben estímulos que el cerebro procesa.

El juego

Esta comprobado que una de las formas de aprender más eficientes es el juego. Es una actividad común a todo los mamíferos. Jugando vamos conociendo nuestro entorno, nuestro cuerpo y desarrollamos nuestro razonamiento, lógica, e incluso la aritmética y el lenguaje. Adquirimos habilidades físicas y sociales que nos permiten formar nuestra identidad. Además es una actividad placentera.

Los humanos disponemos del privilegio de una infancia prolongada: aunque nacemos más indefensos que otros animales, durante al menos 12 años podemos dedicarnos casi exclusivamente al juego y el aprendizaje. Muchos estudiosos han investigado cómo se logra el aprendizaje:

Jean Piaget, teorizó acerca de cómo se forman y acomodan las estructuras cognitivas y cómo los nuevos conocimientos se asimilan en esas estructuras. También habló de las diferentes etapas por las que pasamos en nuestras maneras de conocer. María Montessori propuso que la escuela no debía ser un lugar donde de transmisión de conocimientos, sino donde el profesor ayuda al desarrollo físico y mental del niño, basándose en la libertad y el juego. Paulo Freire reconoció que la educación debe tomar en cuenta el contexto social donde ocurre, y que no consiste en depositar los conocimientos en el alumno, sino en desarrollar su pensamiento crítico.

El aprendizaje no se puede estudiar desde una sola ciencia. En él intervienen la biología, la neurología, la psicología y las ciencias sociales. Aunque el método sea muy bueno, es difícil que alguien aprenda si sus necesidades básicas no están bien cubiertas.

En lo que están de acuerdo los pedagogos es en que enseñar y aprender no es lo mismo. Se puede aprender sin enseñanza, pero sin aprendizaje la enseñanza no existe. Además, el aprendizaje sólo se puede dar cuando es significativo. El conocimiento debe tener sentido para el que aprende y quizá ahí esté la contradicción de la escuela. En su afán de enseñar conocimientos que no sospechábamos muchas veces intenta obligar a los estudiantes a memorizar datos que no significan gran cosa en sus vidas. Esto puede provocar que estudiar se vuelva una labor tediosa.

Los estilos de aprendizaje son únicos y es bueno reconocer el propio para mejorar permanentemente. Los aprendizajes realmente significativos no se reflejan en un examen, sino en toda la vida. El educador Célestin Freinet decía: “Se puede llevar un caballo al río, pero no se le puede obligar a beber”. Para que beba saber, la persona debe tener sed de conocimiento.


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